San Blas es el santo patrón de la villa de Sax (Alicante) desde 1627. Ese año, los vecinos del municipio hicieron un voto solemne y permanente de celebrar cada año la festividad de San Blas como muestra de devoción y agradecimiento por la protección recibida, especialmente frente a problemas de salud como epidemias de “garrotillo” (una forma grave de afección respiratoria que afectaba a la población), a las que se atribuía que el santo libró al pueblo.
Este voto de 1627 se realizó en concejo abierto, es decir, una asamblea de vecinos reunidos, que decidió colectivamente que San Blas fuera reconocido como patrón de la villa “para siempre”, comprometiéndose a celebrar su festividad cada año.
En sus inicios, la celebración era estrictamente religiosa: consistía en una función en la iglesia parroquial y algunos disparos de arcabuz en honor al santo, realizados por milicianos locales como muestra de respeto y devoción. Con el paso del tiempo, estos disparos fueron tomando mayor importancia y eventualmente influyeron en la incorporación de elementos festivos y militares que darían origen a los actuales desfiles.
La organización de la fiesta evolucionó gradualmente. A partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX, comenzaron a formarse comparsas y agrupaciones festivas que representaban grupos de Moros y Cristianos, contribuyendo a que las celebraciones en honor de San Blas adquirieran el carácter que hoy tienen.
En 1942, la fiesta adquirió su formato actual de cinco días de duración (del 1 al 5 de febrero), y las celebraciones incluyen procesiones, desfiles, música, actos religiosos y la rememoración histórica de la reconquista de Sax en 1239 por las tropas de Jaime I de Aragón, lo que hoy se refleja en las Fiestas de Moros y Cristianos dedicadas al patrón.
Además del voto original, otra tradición fuertemente arraigada es el Cabildo de Sax, una institución histórica que se reúne cada 26 de diciembre ante la ermita de San Blas para preparar las fiestas del próximo año. Este cabildo abierto, heredero de antiguas asambleas concejiles, es una práctica singular que relaciona la vida comunitaria con la devoción al patrón y la organización de sus fiestas.
Hoy, San Blas no solo es el protector espiritual de la villa, sino también el motor de unas fiestas que combinan fe, tradición y cultura popular, profundamente vinculadas a la identidad sajeña y que atraen cada año a miles de visitantes.